El arte de la polémica publicidad de moda

No es que hoy me haya levantado guerrera ni mucho menos, pero es que con la reciente noticia de la censura de la última campaña publicitaria de Brian Atwood en EEUU, me ha dado por divagar en torno a la eterna polémica que persigue a la siempre controvertida publicidad de moda.

Y es que, no es la primera vez (ni será la última) que algunas de las firmas de moda más importantes hacen gala de su supuesta falta de decoro y recurren al sexo, el morbo y el erotismo más puro para provocar (nunca mejor dicho) el consumo de sus productos. Sirva de ejemplo aquella discutida campaña de Dolce&Gabbana que hace algunos años fue retirada por incitar a la violencia de género con una gráfica en la que supuestamente se mostraba a la mujer sometida al hombre.

Digo supuestamente porque, como cualquier otra forma de arte, la interpretación de la fotografía estará siempre sujeta a la subjetividad del observador. Y aunque reconozco que la violencia machista es un tema demasiado peliagudo como para arriesgarse con una campaña como esta, no creo que el sexo, la desnudez o el erotismo deban convertirse en el tema tabú por excelencia.

La firma Brian Atwood ha lanzado esta polémica campaña publicitaria para presentar su nueva colección otoño-invierno 2012-2013 y celebrar la inauguración de su primera tienda en Nueva York prevista para la próxima temporada.

Precisamente, las imágenes de sexo más o menos explícito y el sensual desnudo de la ‘angelical’ Candice Swanepoel han sido los detonantes de la polémica censura que hoy nos ocupa. No en vano, lejos de pasar desapercibida como una más entre un millón, la última campaña publicitaria de la firma de calzado Brian Atwood ha reabierto el eterno debate en torno al supuesto indecoro de la publicidad de moda.

La campaña incluye este controvertido vídeo que también ha sido censurado por su alto contenido erótico.

Bien es cierto que ese carácter comercial con mucho ánimo de lucro propio de la publicidad ha hecho de ella el enemigo a combatir y que el halo de superficialidad que irremediablemente envuelve al mundo de la moda no hace más que alimentar la controversia, pero más allá de la firma y su fin lucrativo… ¿por qué no somos capaces de ver la publicidad de moda como un arte? Si jamás nadie se ha atrevido a poner en duda el arte de Miguel Ángel al esculpir la belleza del cuerpo masculino desnudo en su reconocido David, ¿por qué se cuestiona y menosprecia el trabajo del artista que se esconde detrás del objetivo de una cámara?

Se habla mucho de los desnudos innecesarios en publicidad, especialmente si son femeninos, porque se considera que con ellos se infravalora al ser humano utilizando su cuerpo como reclamo.  Y es que el sexo vende… eso no admite discusión. Pero donde ellos ven morbo, yo sólo veo arte.

Está claro que hay muchos y muy diferentes tipos de desnudos (con esto no pretendo defender la vulgaridad de la fotografía de las conocidas como ‘revistas para hombres’), así como muchas formas de ‘vender’ sensualidad, pero si somos capaces de apreciar la belleza e incluso, el romanticismo de una escena de sexo en el cine sin compararla con el simple y burdo acto mecánico de la pornografía pura y dura (perdón por la expresión), ¿por qué no podemos ver tan clara esa frontera en la fotografía y publicidad de moda?

El sector de la belleza y la perfumería tampoco escapa a la censura. De hecho, esta gráfica del perfume Opium de Yves Saint Laurent fue censurada en Inglaterra por considerarse “sexualmente agresiva” y una de las más criticadas por mostrar a una modelo desnuda en actitud sexual.

Con esta campaña del perfume Belle d’Opium, Yves Saint Laurent volvió a caer en las redes del ASA (Advertising Standards Autorithy), el organismo que regula la publicidad en Gran Bretaña, que censuró el spot por considera que incitaba al consumo de drogas. Como veis, no sólo de sexo vive la censura, y al parecer, la firma francesa no teme la polémica.

Ponemos el grito en el cielo con cualquier campaña que incite a pensar en sexo, sobre todo si, como en el caso de la nueva campaña de Brian Atwood, es la mujer la que disfruta plenamente de su sexualidad sin tapujos, mientras movemos el trasero (con mucho decoro eso sí) al ritmo de la canción del verano de turno. Melodías pegadizas que disfrazan una serie de irrespetuosas letras carentes de sentido que, lejos de hablar de amor y sin excepción alguna, degradan a la mujer hasta convertirla en un mero objeto sexual. Y por si el complejo análisis de sus incomprensibles letras no es suficiente, basta ver el animado baile de pechos y traseros de cualquiera de sus videoclips para entender la naturaleza machista del famoso reggaeton.

Sin embargo, no hace falta recurrir a la ‘jugosa’ discografía de Pitbull para saber que en música el sexo también vende y al parecer, sin tanta polémica. Y si no, que se lo digan a Paulina Rubio (por poner un ejemplo reciente entre un millón) y a la bacanal que se ha montado para celebrar un nuevo éxito en su último videoclip ‘Boys will be boys’. ¿Por qué ese doble rasero?

Con esto no pretendo hacer campaña en contra del tratamiento del sexo en el arte ni mucho menos. Al contrario, sólo manifiesto mi desacuerdo en cuanto a la censura que se hace de la sensualidad y el erotismo en publicidad aludiendo a aquello de que ‘el fin [comercial] no justifica los medios’. ¿Acaso la música y el cine no son el producto en venta de sendas industrias con tanto ánimo de lucro como la propia moda?

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