Obsesiones peligrosas: tanorexia vs. tanofobia

Como cada verano, con la llegada del calor se suceden las campañas de prevención contra el cáncer de piel, las quemaduras y las insolaciones que nos invitan a disfrutar de los beneficios del sol con precaución.  Sin embargo, muy a pesar de las advertencias, nuestras costas siguen repletas de inconscientes que se exponen al sol a ‘cuerpo descubierto’ y casi sin protección en busca de un favorecedor bronceado.

Y es que, la obsesión por presumir de moreno todo el año no sólo es un hecho y un problema reconocido por todos, sino sobre todo, una enfermedad con nombre propio. La tanorexia es el trastorno psicológico que padecen aquellas personas cuya necesidad de estar siempre perfectamente bronceadas pone en peligro su salud física y mental. Como en el caso de los trastornos alimenticios provocados por la anorexia o la bulimia, los tanoréxicos son personas con baja autoestima e incapaces de aceptar su aspecto físico que, por más bronceadas que estén, no dejan de verse pálidas.

Más allá de los efectos nocivos del consumo abusivo del sol sobre nuestra piel como el melanoma, las quemaduras solares y el envejecimiento prematuro, está demostrado que la incidencia de los rayos ultravioleta del sol sobre nuestro organismo genera las endorfinas que producen esa sensación de euforia, bienestar y relajación tan adictiva como las propias drogas. Es por ello que, ante la falta de un baño de sol, los tanoréxicos pueden llegar a experimentar la misma ansiedad que un drogodependiente ante la abstinencia.

La top Isabeli Fontana presumiendo de bronceado extremo en la polémica campaña de H&M para este verano 2012 que ha vuelto a poner la voz de alarma sobre los peligros del consumo abusivo del sol o los rayos UVA artificiales.

No obstante, la tanorexia no es el único trastorno derivado de un consumo inadecuado del sol. Frente al abuso desmedido, la tanofobia supone un miedo irracional al sol de consecuencias nefastas para la salud tan relevantes como la falta de vitamina D que puede ser causa de problemas óseos o el incremento del riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer asociados a esta carencia vitamínica en el organismo.

Por otro lado, sabemos que la luz solar reporta incomparables beneficios emocionales y que por lo tanto, los enfermos de tanofobia se ven privados de ese importantísimo plus en positividad que nos ayuda a combatir la tristeza, el decaimiento o incluso, la depresión.

Es cierto que no podemos negar que el sol es una inagotable fuente de optimismo y energía que nos llena de vida, pero también los es que una exposición prolongada a sus rayos ultravioleta puede ser muy perjudicial para nuestra salud. Tampoco podemos obviar el hecho de que la piel tiene memoria y el bronceado sin control tiene un efecto acumulativo de consecuencias fatales que puede pasarnos factura en el futuro.

En definitiva, no podemos olvidar que ese atractivo e inmediato bronceado fruto de una incorrecta exposición solar o del abuso de las cabinas de rayos UVA no compensa en absoluto sus efectos nocivos a largo plazo, pero tampoco podemos permitir que el miedo o la prevención desemboquen en una aversión desmesurada al sol.

Nuestro objetivo debe ser huir de los extremos para empezar a disfrutar del sol sin obsesiones. Para ello, nada tan fácil como seguir una serie de pautas básicas a la hora de exponernos al sol que nos permitan conseguir el bronceado más saludable posible:

Es fundamental utilizar una loción bronceadora o protector solar con un factor de protección superior a 15 en función del fototipo o la capacidad de asimilar la radiación solar de la piel. Además, no debemos olvidar que las pieles morenas no están exentas de protegerse del sol y que debemos poner especial atención al cuidado de las zonas más sensibles a los efectos del sol como la cara o el cuello e incluso, protegerlas con un factor de protección mayor.

Por otra parte, es importante aplicarse la loción bronceadora o el protector solar al menos 30 minutos antes de salir de casa y renovarlos cada dos horas o siempre después de cada baño.

Desde luego, se deben evitar siempre las cabinas de rayos UVA artificiales e intentar no exponernos al sol entre las 12 y las 17 horas. Para ello, es esencial llevar una sombrilla que nos permita resguardarnos del sol en la playa y beber muchísimo líquido para evitar la deshidratación.

Además del protector solar, las pamelas, los sombreros o las gorras, y por supuesto, también las gafas de sol, deben ser accesorios imprescindibles en nuestra bolsa de playa o piscina.

Finalmente, siempre tras la exposición al sol, es necesario ayudar a recuperarse a la piel reseca y por ello, es imprescindible hidratarla profundamente después de un baño de sol.

Así que, con mucha precaución y siguiendo todos los pasos de este sencillo manual de uso (que no abuso) del sol, ya podemos empezar a disfrutar de todos los beneficios del sol sin obsesiones.

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