Baños de sol sin obsesiones

Aunque en el pasado la tez clara era signo de prestigio y los polvos de talco ocupaban un espacio privilegiado en el tocador femenino, hoy se impone la vitalidad de la piel bronceada. No podemos negar que el sol es una fuente inagotable de optimismo y energía que nos llena de vida, pero también es cierto que una exposición prolongada a sus rayos ultravioleta puede llegar ser muy perjudicial para nuestra piel.

Kirsten Dunst caracterizada como María Antonietade en la película de Sofía Coppola inspirada en el siglo XVIII.

Verano tras verano, se suceden las campañas de prevención contra el cáncer de piel, las quemaduras y las insolaciones que nos invitan a disfrutar de los beneficios del sol con precaución. Sin embargo, nuestras costas siguen repletas de inconscientes que se exponen al sol a ‘cuerpo descubierto’ y casi sin protección. Sin duda, una ‘misión suicida’ cuyos resultados ‘positivos’ inmediatos a modo de atractivo bronceado no compensan sus efectos nocivos a largo plazo. No debemos olvidar que la piel tiene memoria  y el bronceado sin control tiene un efecto acumulativo de consecuencias fatales que puede pasarnos factura en el futuro.

Recientemente, saltaba una noticia que volvía a poner de manifiesto la preocupación de las autoridades ante el consumo abusivo del sol y sus consecuencia negativas sobre nuestra salud. El gobierno norteamericano, a través de la Agencia Federal del Medicamento, ha decidido actuar contra la publicidad engañosa de los productos solares y desterrar grandes mitos como que todos las lociones bronceadoras nos protegen del cáncer o son resistentes al agua.

Como fiel enamorada del verano y ferviente admiradora de las tardes al sol y ese favorecedor bronceado playero que todos perseguimos, no pienso renunciar a disfrutar del astro rey. Sin embargo, también es verdad que como fanática adoradora de mi salud, no estoy dispuesta a jugarme mi inmaculada piel por querer ser lo que no soy. Si mis ojos verdes, mi piel clara y mi cabello oscuro son algo exótico en un paraíso terrenal como Punta Cana, ¿por qué no pueden serlo también aquí?

Foto El Mundo

No obstante, la obsesión generalizada por presumir de moreno todo el año es un hecho y un problema más que reconocido. La tanorexia es el trastorno psicológico que padecen aquellas personas cuya necesidad de estar siempre perfectamente bronceadas pone en peligro su salud física y mental. Como en el caso de los trastornos alimenticios provocados por la anorexia o la bulimia, los tanoréxicos son personas con baja autoestima e incapaces de aceptar su aspecto físico que, por más bronceadas que estén, no dejan de verse pálidas.

Más allá de los efectos nocivos del consumo abusivo del sol sobre nuestra piel como el melanoma, las quemaduras solares y el envejecimiento prematuro, está demostrado que la incidencia de los rayos ultravioleta sobre nuestro organismo genera las endorfinas que producen esa sensación de euforia, bienestar y relajación tan adictiva como las propias drogas. Es por ello que, ante la falta de un baño de sol, los tanoréxicos pueden llegar a experimentar la misma ansiedad que un drogodependiente ante la abstinencia.

Foto Marie Claire

Durante mucho tiempo, la desinformación hizo que se cometieran verdaderas barbaridades como utilizar aceite corporal, de oliva o incluso refresco de cola para conseguir un bronceado rápido, sin embargo, hoy ya no tenemos excusa para disfrutar de todo los beneficios del sol con precaución. Por si acaso, ahí van algunos consejos para tomar el sol con moderación y conseguir el bronceado más saludable posible:

Utiliza una loción bronceadora o protector solar con un factor de protección superior a 15 adecuado al fototipo o capacidad de absorber la luz solar de tu piel. No olvides que las pieles morenas no están exentas de protegerse del sol. Pon especial atención al cuidado de las zonas más sensibles a los efectos del sol como la cara o el cuello y si es necesario, protégelas con un factor de protección mayor.

Aplícate la loción o el protector solar unos 30 minutos antes de salir de casa y renuévalos cada dos horas o después de cada baño.

Evita las cabinas de rayos UVA artificiales, intenta no exponerte a los rayos ultravioletas entre las 12 y las 17 horas, lleva siempre una sombrilla con la que resguardarte del sol en la playa y bebe muchísimo líquido para evitar la deshidratación.

Pamela de Topshop, gafas de sol ‘ojos de gato’ de Ray Ban, maxi bolso de rafia de Blanco y protector solar factor 20 de Selvert.

Además del protector solar, las pamelas, los sombreros o las gorras y por supuesto, las gafas de sol deben ser accesorios imprescindibles en nuestra bolsa de playa o piscina.

Tras la exposición, es fundamental ayudar a recuperarse a la piel reseca, por ello es imprescindible hidratarla profundamente después de un baño de sol.

Y como los rayos ultravioletas no sólo son nocivos en verano, proteged la delicada piel de vuestra cara y cuello con una crema hidratante con factor de protección todo el año. No os arrepentiréis.

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