Abre los ojos…

El pasado sábado, después de cinco clases de coolhunting y moda (cuatro en mi caso porque un máldito virus estomacal me impidió asistir a una de ellas), nuestra profesora Belén Torregrosa nos pidió que escribiéramos lo que habíamos aprendido con este curso. Sólo pude decir que he descubierto el placer de la ignorancia y la envidia (sana por supuesto) hacia esa enorme capacidad de observación que sólo unos privilegiados poseen y que es la clave para conocer la realidad social del mundo en el que vivimos.

Hoy, con resaca no alcohólica de un fin de semana muy duro, empiezo a atisbar en mí un resquicio de ese don. No sé si esa capacidad vivía dormida en mi interior a la espera del estímulo preciso, o más bien es que estás clases me han contagiado de la curiosidad necesaria para desarollarla. No sé si un coolhunting nace o se hace. Es más, ni siquiera sé si uno puede serlo. Lo que sí sé es que al grito de ‘abre los ojos’, mi organismo ha respondido poniendo en voz de alarma los cinco sentidos a la espera de lograr comprender la complejidad que me rodea.

Beatriz García [bybmagazine.com]

Sin saber cómo ni por qué, un montón de conceptos inundan mi mente esperando ser aplicados a la vida real, mi vida real. Y de repente, me doy cuenta de que, sin quererlo ni saberlo, nos pasamos la vida analizando lo que pasa a nuestro alrededor intentando ver más allá de lo obvio y sobre todo, tratando de anticiparnos a los acontecimientos. Sin ir más lejos, dedicamos toda nuestra vida a indagar en el interior de las personas con las compartimos nuestro tiempo para conocerlas mejor, satisfacer sus deseos y necesidades y hacerlas felices. ¿No es eso al fin y al cabo lo que debería hacer una marca para conseguir la tan ansiada fidelidad del consumidor?

Al parecer algo tan sencillo como aprender a escuchar al consumidor para conocer y satisfacer sus necesidades es la clave del éxito de una marca. El consumidor ya no es un ente pasivo que se limita a desear y adquirir lo que le ofrecen, sino que sabe lo que quiere y sólo se interesa por aquellas marcas que se lo proporcionan y le ayudan a construir su propia identidad personal.

El nuevo prosumer es un consumidor libre e informado en busca de sensaciones, de una experiencia personal que le permita encontrar la armonía interior. Ese bienestar físico y sobre todo, psíquico que le ayude a alcanzar una vida plena. Nadie mejor que él mismo sabe lo que necesita y por eso, debe ser un elemento activo en el proceso de compra. ¿No será que debemos dejar a un lado la idea de que el marketing genera necesidades para volver a pensar que su objetivo debe ser sólo identificarlas para satisfacerlas? ¿No será que las grandes marcas pecan de ególatras y se han olvidado de lo importante que es escuchar al consumidor? Al fin y al cabo, ¿qué es una marca sin consumidores? Nada, absolutamente nada porque el consumidor fue, es y será siempre su razón de ser.

Entonces, ¿por qué algo tan simple, un comportamiento casi innato a la esencia del ser humano que vive en sociedad y necesita la compañía de otras personas, se hace tan complicado para una empresa? No tengo una respuesta, pero prometo buscarla.

Y después de este momento reflexión de un lunes por la mañana, sólo puede decir GRACIAS. Gracias por este toque de atención que me invita a ser curiosa y mantenerme alerta a las señales. Esas señales que indican que hay mucho más de lo que se ve a simple vista y que hay que mirar más allá de la superficie.

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